Siempre me ha hecho mucha gracia, y me he fijado mucho en los nombres de las empresas. Parecerá una tontería, pero creo que dicen mucho de quien está detrás de un negocio el nombre que le pone a dicho negocio.
Nuestro nombre nos cae al nacer, luego es muy difícil cambiarlo (aunque hay gente que lo hace) pero el nombre de las empresas es todo un tratado de psicología. Y responden a modas, como no. Empecemos de los más sencillos a los más sofisticados.:
- Manolo´s, Bar Pepi y Juani o Ráfagas son nombres clásicos de bares de los 70. Poco elaborados y sin pretensiones.
- Nombres que dan la vuelta a algunas letras, pero de los que se deduce fácilmente su origen Bombillas OSRAM ( De la palabra Ramos), Transportes SETRAM ( martes al revés).
- Los nombres de boutique, cuyo dueña ( generalmente) intenta darsse ínfulas poniéndole su nombre y apellido a la tienda, puesto que de otra manera a esa persona no la conocería ni Dios ( Novias María Luisa Sicilia, boutique Cuca Montero, Juan Valentin moda de hombre.
- Si pasamos al plano empresarial, últimamente hay una moda que arrasa, que es la de terminar en “alia” el nombre de la empresa. Si te dedicas a los envíos de paquetería: ENVIALIA, si te dedicas a la gestión de agua: AQUALIA, si te dedicas a hacer reparaciones: REPARALIA. Si te dedicas a la venta de instrumentos musicales: MUSICALIA. Si pones un prostíbulo, pues POLVALIA, y así hasta el infinito. Poco original ¿verdad?.
Y con la imagen corporativa de las empresas, les aplica bien aquello de “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”.
Me explico: Cuanto más contamines, más verde tiene que ser tu logo y tu publicidad, por ejemplo BP, Ranault, o AUDI.
Cuanto peor atiendas a tus clientes, más “enrollada” y feliz tiene que ser la gente que sale en tus anuncios, y si no, fíjense en los anuncios de todas las operadoras de telefonía móvil. Y con los seguros igual.
Cuanto mayor sea tu afán recaudatorio más énfasis ponen en lo beneficiados que van a salir algunos colectivos desfavorecidos o ONG a los que les darán las migajas. Este es el caso de la Iglesia, la Agencia Tributaria y la ONCE.
En fin, que nos tratan como a memos. Para ellos vivimos en MEMALIA.
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